Y ha comenzado el juego.
“Doctor, un esqueleto”, “El señor bostezo”, “En la lavandería”, “Pepi y su virus”, “¡Cuidado, la Luna sueña!”, “Los paraguas de Santiago”, “Un amor en mi casa”. Un libro de versos hecho con la intención de tocar esa bra que activa esas ganas de querer reír y querer jugar a la vez que se leen.
Y cada vez que lo hacen, inevitablemente se sienten como ese narrador imaginario que los insta a seguir descubriendo y viviendo cada frase, cada punto, cada juego, cada sonrisa una y otra vez.
Son “Cuentiversos para reír y jugar”, son Cuentiversos que están llenos de ese gustito a infancia.
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Y ha comenzado el juego.
“Doctor, un esqueleto”, “El señor bostezo”, “En la lavandería”, “Pepi y su virus”, “¡Cuidado, la Luna sueña!”, “Los paraguas de Santiago”, “Un amor en mi casa”. Un libro de versos hecho con la intención de tocar esa bra que activa esas ganas de querer reír y querer jugar a la vez que se leen.
Y cada vez que lo hacen, inevitablemente se sienten como ese narrador imaginario que los insta a seguir descubriendo y viviendo cada frase, cada punto, cada juego, cada sonrisa una y otra vez.
Son “Cuentiversos para reír y jugar”, son Cuentiversos que están llenos de ese gustito a infancia.